El hallazgo de 135 animales exóticos en un rancho de Tamaulipas convirtió un operativo relacionado con una investigación por presunto robo y comercialización ilegal de combustible en un caso que involucra fauna silvestre.
Entre los ejemplares reportados, hay cinco tigres de Bengala, tres jaguares, dos hienas, tres leones africanos, 21 monos araña, un camello, bisontes, búfalos, tortugas sulcata y, especialmente, un ligre.
Y esto abre una pregunta que se suma a las muchas que hay sobre la pertenencia y el operativo, y es ¿qué condiciones ambientales necesita cada uno de estos animales y cuáles forman parte de la fauna mexicana?
El ligre es probablemente el animal más llamativo de la colección porque no corresponde a una especie que exista como población silvestre.
Es un híbrido producido por el cruce entre un león macho (Panthera leo) y una tigresa (Panthera tigris). Los tigres y los leones pertenecen al mismo género, Panthera, pero son especies diferentes. Por ello, el ligre no debe confundirse con una especie independiente ni con una población natural de grandes felinos. La cruza inversa da como resultado, el tigrón.
Un animal sin hábitat natural propio
A diferencia de un jaguar o un tigre, no existe un ecosistema que pueda considerarse el “hábitat natural del ligre”. La razón es porque los ligres son producto de la reproducción entre dos especies que, en la actualidad, tienen distribuciones naturales diferentes y cuya hibridación ocurre fundamentalmente bajo condiciones de cautiverio. Es decir, los pocos casos que existen son producto de lo que metafóricamente podríamos llamar, mezclas de laboratorio.
Los leones (Panthera leo) sobreviven principalmente en África, con una pequeña población asiática en la región de Gir, India. Los tigres (Panthera tigris), por su parte, son nativos de Asia. Su distribución histórica abarcó una zona mucho más extensa que la actual, pero las poblaciones silvestres se encuentran hoy fragmentadas y amenazadas.
Por esa razón, encontrar un ligre en un rancho en México, no significa haber encontrado un animal desplazado de un bosque, una sabana o una selva. El ligre es, por definición, un producto de cautiverio y no tiene un ambiente natural al cual pueda regresar como si se tratara de un ejemplar silvestre de tigre o de león.
La literatura zoológica ha documentado además que los ligres pueden alcanzar tamaños extraordinarios. Este fenómeno se relaciona con la genética del crecimiento y con la llamada impronta genómica, un mecanismo mediante el cual determinados genes pueden expresarse de manera diferente dependiendo de si fueron heredados del padre o de la madre.
Tampoco debe interpretarse la existencia de un ligre como un mecanismo de conservación. Un híbrido de león y tigre no sustituye la conservación de las poblaciones silvestres de ninguna de las dos especies parentales. Los programas de conservación se enfocan en mantener poblaciones genéticamente y ecológicamente funcionales dentro de sus especies, y continuar con este capricho humano solo tiene afectaciones en la naturaleza.
Los cinco tigres reportados como tigres de Bengala corresponden a Panthera tigris, una especie nativa de Asia. El tigre de Bengala, en particular, está asociado con el subcontinente indio y ocupa diversos ambientes, entre ellos bosques, pastizales, humedales y manglares.
La existencia de un clima cálido en Tamaulipas no significa por sí misma que un tigre esté necesariamente en condiciones ambientales inadecuadas. Los tigres poseen una amplia tolerancia climática y viven en regiones que van desde zonas tropicales hasta áreas considerablemente frías. Pero en cautiverio requieren mucho más que una temperatura determinada.
El bienestar de un tigre depende también de disponer de espacio suficiente, refugios, sombra, agua, oportunidades para desplazarse, alimentación adecuada y enriquecimiento ambiental. Estos factores permiten expresar conductas naturales y ayudan a controlar estrés y problemas asociados con el confinamiento.
Por tanto, la pregunta científica no es simplemente si “hace demasiado calor en Tamaulipas”. Para establecer si los ejemplares estaban en malas condiciones sería necesario conocer las características del recinto, temperaturas y humedad, acceso al agua, dimensiones, dieta, estado corporal y comportamiento de cada animal. Esa valoración corresponde a especialistas y no puede hacerse únicamente con la información del cateo.
El caso del jaguar es radicalmente diferente. Panthera onca es una especie nativa del continente americano y México forma parte de su distribución natural. El jaguar ocupa una variedad de ecosistemas, particularmente aquellos que ofrecen cobertura vegetal, disponibilidad de presas y acceso al agua.
Tamaulipas también forma parte de la distribución histórica y actual del jaguar en México. Esto significa que la presencia de tres jaguares en un inmueble del estado no puede describirse simplemente como la presencia de “animales de otro continente”.
Eso tampoco significa que un rancho sea automáticamente un hábitat adecuado. Un jaguar silvestre necesita un territorio amplio y condiciones ecológicas que permitan alimentarse, desplazarse y refugiarse. En cautiverio, además, las necesidades de espacio y manejo son diferentes de las de una población libre.
La situación legal de los ejemplares es otra cuestión. Que un jaguar sea nativo de Tamaulipas no significa que cualquier persona pueda poseerlo. La legislación mexicana establece mecanismos específicos para la posesión y manejo de ejemplares de vida silvestre.
