James Henderson era un adolescente en 1971 cuando tuvo que tratar a sus animales contra un tipo de gusano blanco que devoraba al ganado de adentro hacia afuera: el gusano barrenador del Nuevo Mundo.
“Es un parásito horrible y se come la carne muy rápido”, dijo Henderson, quien opera el rancho Bradley 3 cerca de Memphis, en el Panhandle de Texas. “Desde el momento en que la mosca adulta pone sus huevos hasta que tienes un animal que probablemente deba ser sacrificado, pueden pasar tan solo 72 horas”.
Henderson, al igual que la mayoría de los ganaderos de Texas, ha enfrentado una batalla tras otra en una industria que ya de por sí está llena de desafíos.
El regreso del gusano barrenador es el golpe más reciente.
A medida que la inflación mella los bolsillos de los ganaderos de Texas, la sequía generalizada y los incendios forestales complican aún más el crecimiento de un hato estadounidense que ya se ha reducido a su tamaño más pequeño en más de 70 años. La guerra comercial del presidente Donald Trump en 2025 inflamó aún más los problemas del sector. La menor oferta de ganado está tensionando cada eslabón de la cadena de suministro, lo que encarece la operación de las plantas empacadoras de carne y traslada esos costos a los consumidores minoristas y a los restaurantes, que también luchan contra los precios altos.
Según el Informe del Índice de Precios al Consumidor de mayo, los precios de la carne de res a nivel nacional aumentaron un 12.9% en el último año. La industria de ganado de carne de Texas aportó alrededor de $7.2 mil millones de dólares anuales al producto interno bruto del estado entre 2018 y 2021, según un estudio de Texas A&M AgriLife.
“Es un momento difícil para muchos ganaderos”, señaló David Ortega, profesor de Economía y Política Alimentaria en la Universidad Estatal de Míchigan. “Y luego aparece este último factor. El costo de intentar contener y prevenir la propagación de esto es solo otra capa más”.
Ortega afirma que el gusano barrenador está generando incertidumbre en la industria y entre los consumidores. La secretaria de Agricultura de Estados Unidos, Brooke Rollins, declaró recientemente que el brote del gusano barrenador podría prolongarse por unos meses más. La construcción de la planta de moscas estériles —la herramienta que la mayoría considera la solución al brote– no concluirá sino hasta noviembre de 2027.
“Simplemente requiere tiempo”, dijo Henderson. “Solo podemos acelerar el paso hasta cierto punto para hacer las cosas”.
A medida que el gusano barrenador avanzó hacia el norte, frenó el crecimiento de la población ganadera; primero, al frenar las importaciones de ganado desde México en noviembre de 2024, y ahora, debido a que los ganaderos nacionales están ralentizando sus operaciones para revisar meticulosamente sus hatos en busca de infecciones, explicó Ortega.
Los ganaderos están teniendo más cuidado en ciertas tareas, como el herrado, el descorne y la castración, porque no quieren generar más oportunidades para que las moscas del gusano barrenador pongan huevos en heridas abiertas.
Este último contratiempo en la cima de la cadena de suministro podría retrasar la recuperación de los ganaderos tras la sequía y los incendios forestales, y repercutir en el resto de una industria que ya se encuentra bajo presión.
“Realmente ha sido una tormenta perfecta de factores que han impactado a la industria de la carne de res en los últimos años”, dijo Ortega. “Y realmente ha llevado los precios a máximos históricos”.
Reduciendo el hato
El Panhandle de Texas es una de las regiones productoras de ganado más grandes del país y del estado, generando $6 mil millones de dólares anuales y produciendo el 85% de la carne de res del estado. Si el área de 26 condados fuera su propio estado, se ubicaría entre los tres primeros lugares en producción de carne de res.
Aun así, la región ha sido duramente golpeada a lo largo de los años. Una serie de devastadores incendios forestales —incluido el incendio de Smokehouse Creek en 2024, que se convirtió en el mayor incendio forestal en la historia del estado— ha retrasado a los ganaderos de vacuno. Los incendios mataron a más de 15 mil cabezas de ganado, incluidas vacas preñadas, en una semana.
Para colmo, la inflación ha vuelto el negocio más impredecible. Es cierto que los precios de la carne de res están en un nivel récord. Sin embargo, Henderson aclaró que los ganaderos no están obteniendo ganancias récord.
Las vacas se están criando más grandes, lo que significa que los ganaderos invierten más dinero para mantener a su ganado. Desde el alimento hasta el fertilizante, e incluso el costo del combustible y los servicios veterinarios, todo es más caro.
Particularmente en el sector de cría (vaca-becerro) de la industria, Henderson dijo que posiblemente apenas estén volviendo a ser rentables tras los últimos años de dificultades.
“Prácticamente cualquier cosa y todo lo que los ganaderos tocan ha subido de costo”, afirmó Henderson. “Así que sí, estamos recibiendo precios récord por el ganado. Pero también tenemos costos récord”.
Henderson no cree que el gusano barrenador llegue al Panhandle. Sin embargo, si lo hace, reduciría aún más los hatos. Recuerda cuando el gusano barrenador apareció por primera vez en los Estados Unidos y los retrasos que causó en las operaciones ganaderas habituales.
Dado que los ganaderos deben evitar provocar heridas abiertas innecesarias durante un brote, esperan hasta el invierno para realizar ciertas tareas en el ganado, como el herrado y la castración. El gusano barrenador no puede sobrevivir a las bajas temperaturas, explicó Henderson.
“Estás prácticamente obligado a hacer esas cosas cuando esas moscas no están presentes”, dijo Henderson.
Y con una mayor pérdida de empleos en el sector, Henderson señaló que no hay suficiente mano de obra ni siquiera para gestionar un brote de gusano barrenador a gran escala.
“No hay suficiente mano de obra, ni suficientes caballos, ni suficiente comida para gestionarlo”, dijo Henderson. “No estamos acostumbrados a tener que conseguir la mano de obra que se necesita para administrar algunos de estos grandes ranchos, y hacer eso si sufrimos un brote importante”.
Además de tener que esperar potencialmente para realizar su trabajo, los ganaderos de Texas también tienen que preocuparse por un duro verano de sequía. La semana pasada, casi el 50% del estado experimentaba algún nivel de condiciones de sequía, en comparación con el 36% en la misma época del año pasado. La falta de humedad dificulta que el ganado paste y busque alimento.
Los productores nacionales tenían 86.2 millones de cabezas de ganado a principios de este año, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, la cifra más baja desde 1951.
Trevor Caviness, de 51 años, representa la tercera generación de su familia al frente de Caviness Beef Packers. La industria enfrenta su caída más prolongada desde antes de que el abuelo de Caviness fundara la empresa empacadora de carne en 1962, comentó Caviness.
La empresa empacadora con sede en el Panhandle tiene ahora la capacidad de sacrificar, procesar y empacar aproximadamente 2 mil 900 cabezas de ganado al día, pero actualmente opera a un 75% o 80% de su capacidad debido a la escasez de ganado, detalló Caviness.
“Hay más plantas de carne con espacio de ganchos que ganado disponible”, explicó Caviness. “Se necesita operar a algo así como el 80% para salir tablas”.
Caviness Beef Packers se abastece de ganado dentro de un radio de 600 millas alrededor de su planta de procesamiento de carne en Hereford, lo que incluye ganado de gran parte del suroeste y de los estados de las Llanuras.
En 2021, el precio era de aproximadamente $1.70 dólares por libra de novillo vivo. Hoy en día, un novillo le cuesta a la empresa de Caviness un 50% más: $2.55 dólares por libra. Un novillo de carne típico listo para el procesamiento pesa alrededor de mil 450 libras, según la Universidad de Nebraska en Lincoln. Eso implica que el costo pasó de unos 2 mil 450 dólares por novillo a cerca de 3 mil 700.
La única forma de solucionar los altos precios es aumentar el tamaño del hato estadounidense, afirmó Caviness. Él paga el alto precio de los novillos porque lo considera una parte necesaria para apoyar a los ganaderos.
Sin embargo, combinado con el aumento de sus propios costos fijos debido a los aranceles y la inflación, Caviness dijo que está operando con pérdidas.
“El ganadero necesita precios altos, especialmente en estos tiempos de inflación”, dijo Caviness. “Pero, por otro lado, debido a nuestros problemas de capacidad como industria, no podemos vender la carne al otro extremo saliendo tablas o con un margen positivo. Todos estamos con márgenes negativos”.
La empresa también opera una planta de carne molida y tortas de hamburguesa, que utiliza principalmente carne magra producida en Estados Unidos Debido a que el hato estadounidense no produce suficiente carne magra para saciar la demanda de los estadounidenses de carne para hamburguesas, la empresa también importa carne magra del extranjero, explicó Caviness.
Las partes de la canal de res que no tienen demanda en los Estados Unidos, como las vísceras y los cueros, se exportan al extranjero.
Partes de este acto de equilibrio para maximizar el valor de un novillo han enfrentado vientos en contra en los últimos años, dijo Caviness.
La guerra comercial desatada por la política arancelaria del presidente Donald Trump provocó brevemente un arancel del 40% a la carne de res importada de Brasil durante meses en 2025, elevando los costos de producción de carne molida y tortas de hamburguesa. Ese arancel se eliminó a finales de 2025 para bajar los precios de los abarrotes.
Sin embargo, la guerra comercial ha dejado secuelas.
Caviness señaló que las exportaciones han bajado un 17% este año en toda la industria, disminuyendo la capacidad de la empresa para maximizar el valor de una canal.
Mientras los precios del ganado siguen subiendo, tanto los empacadores de carne como los minoristas enfrentan costos operativos cada vez mayores a medida que la inflación eleva el costo del transporte y de la mano de obra.
Una mayor consolidación en la industria empacadora de carne podría no ser bien vista por los reguladores estatales y federales, quienes han dirigido gran parte de la culpa de los altos precios de la carne hacia las empresas.
Invierten en noviembre, Trump anunció que el Departamento de Justicia de Estados Unidos había lanzado una investigación antimonopolio sobre las
“Cuatro Grandes” empresas empacadoras de carne: JBS, Cargill, Tyson Foods y National Beef. Las empresas controlan cerca del 80% del mercado de empaque de carne en Estados Unidos, lo que Trump argumentó les da el poder de mercado para deprimir los precios pagados a los ganaderos mientras aumentan los costos para los consumidores de carne de res.
El 15 de mayo, el fiscal general Ken Paxton anunció que lanzaría su propia investigación sobre las Cuatro Grandes en conjunto con la administración de Trump.
Ortega, el economista alimentario de Michigan State, opinó que las Cuatro Grandes no podrían ser responsables del aumento de los costos de la carne durante el último año porque han mantenido la misma participación de mercado durante décadas. Si bien el poder de mercado de las empresas les permite ejercer controles de precios, eso ha estado asimilado en el mercado desde mucho antes del reciente período inflacionario, argumentó Ortega.
Caviness apuntó que en enero, Tyson Foods cerró una planta de procesamiento de carne de res en Nebraska debido a sus pérdidas, eliminando 3,200 empleos. Y el viernes, JBS anunció el cierre de una planta en Pensilvania.
No hay más grasa que recortar
El mercado de la carne de res se ha descompuesto tanto que ya no es asequible producir un manjar texano: el brisket.
A través de sus dos establecimientos de barbacoa en Austin, The County Line cocina y sirve 5 millones de libras de carne de res cada año, comentó el dueño y fundador Skeeter Miller. La pieza central de su menú, como en la mayoría de los restaurantes de barbacoa en Texas, es el brisket rebanado. A lo largo de 51 años en el negocio, Miller cree haber perfeccionado el proceso.
Cocinar y vender brisket, sin embargo, ya no es asequible en medio de los altos precios, lamentó Miller.
El proceso comienza cuando llega un camión cargado con piezas de brisket crudo en cajas, al menos cuatro por caja y docenas de cajas a la vez. Diez libras de brisket crudo le cuestan al restaurante unos $54 dólares, un aumento significativo desde el año pasado, detalló Miller.
Emily Williams Knight, presidenta y directora ejecutiva de la Asociación de Restaurantes de Texas, señaló que su organización ha visto una aceleración en los cierres de restaurantes de barbacoa en Texas durante el último año debido al mismo problema que experimenta Miller. El precio del brisket ha llegado a un punto en el que los dueños de restaurantes ya no pueden aumentarlo sin perder clientes, explicó.
Ahora que el gusano barrenador ha llegado a Texas, Williams Knight dijo que una disminución en el precio de la carne de res enfrenta un panorama incierto.
Miller confía en que podrá sobrevivir a la mala racha, gracias en gran parte a su clientela leal, construida a lo largo de 51 años en el negocio, y a los esfuerzos para aumentar las ganancias en otras partes del menú, como los acompañamientos, el cerdo y el pavo ahumado.
“No creo que pudiera hacerlo si estuviera empezando hoy”, admitió Miller. “Solo el costo, los permisos y todas las cosas que tienes que hacer, es un momento muy difícil ahora mismo”.
