Durante meses, conductores y empresas fueron víctimas de una operación criminal que combinaba robo de datos bancarios, tarjetas clonadas y combustible obtenido de forma fraudulenta.
Ahora, cinco personas fueron detenidas en Texas tras una investigación que reveló un esquema capaz de generar pérdidas millonarias y afectar a cientos de usuarios.
Todo comenzó cuando las autoridades de Garland, en el norte de Texas, detectaron un patrón inusual. Por un lado, aumentaban los reportes de combustible adquirido de forma sospechosa; por otro, varios usuarios denunciaban movimientos no autorizados en sus tarjetas bancarias.
La investigación fue asumida por el Texas Financial Crimes Intelligence Center (FCIC), organismo especializado en delitos financieros, que encontró una posible conexión entre ambos problemas.
Según las autoridades, el grupo presuntamente instalaba dispositivos conocidos como skimmers en bombas de combustible para diésel. Estos aparatos son capaces de copiar la información de las tarjetas de crédito y débito cuando los clientes realizan pagos legítimos.
La víctima cargaba combustible con normalidad y se marchaba sin notar nada extraño. Sin embargo, los datos de su tarjeta ya habían sido robados. Posteriormente, los sospechosos presuntamente transferían esa información a tarjetas alteradas para realizar compras fraudulentas de combustible.
Aunque el esquema es diferente al llamado huachicol que suele asociarse con tomas clandestinas en ductos, las autoridades señalan que el objetivo era similar: obtener combustible de manera ilegal para generar ganancias.
En este caso, la organización no extraía diésel directamente de la infraestructura petrolera, sino que utilizaba información bancaria robada para adquirir miles de galones de combustible sin asumir el costo real de las compras.
¿Cómo lograban llevarse hasta 2,500 galones de diésel en una sola noche?
Lo que más llamó la atención de los investigadores fue la escala de la operación. De acuerdo con las estimaciones oficiales, la organización conseguía obtener entre 1,500 y 2,500 galones de diésel por noche, una cantidad suficiente para llenar numerosos tanques de vehículos pesados.
Las autoridades creen que estas operaciones se realizaban entre cinco y seis veces por semana. Para mover semejante volumen de combustible, los sospechosos utilizaban vehículos modificados con compartimentos ocultos especialmente diseñados para almacenar grandes cantidades de diésel sin levantar sospechas.
De esta manera, podían cargar combustible utilizando tarjetas clonadas y trasladarlo posteriormente sin que resultara evidente para quienes observaban los vehículos desde el exterior. El caso refleja cómo el robo de combustible ha evolucionado en algunos puntos de Estados Unidos, pasando de métodos tradicionales a esquemas más sofisticados que combinan fraude financiero y tecnología.
El operativo que puso fin al esquema y evitó pérdidas millonarias
Tras semanas de investigación, diversas agencias coordinaron un operativo simultáneo en Arlington e Irving. Las autoridades ejecutaron tres órdenes de cateo al mismo tiempo con el objetivo de asegurar evidencia y detener a los presuntos responsables.
Durante los registros encontraron 10 dispositivos skimmer, 50 tarjetas de pago modificadas y una computadora portátil equipada con tecnología para regrabar tarjetas utilizando información bancaria robada. Los investigadores consideran que este equipo era una pieza fundamental para el funcionamiento de la red.
Como resultado del operativo fueron detenidos Jael Díaz Morejón, Adriana Castillo Olivero, Noel Peña Rodríguez, Carlos Virgilio López Coba y Betsy Santiesteban López.
Los primeros cuatro fueron arrestados en Arlington e Irving, mientras que la quinta sospechosa fue detenida posteriormente cuando ingresaba a Estados Unidos en un vuelo procedente de México.
Según las estimaciones oficiales, la desarticulación de la organización evitó pérdidas adicionales superiores a los 10 millones de dólares para consumidores y empresas de Texas.
Aunque la investigación sigue abierta, el caso expone el alcance que pueden tener los delitos relacionados con el robo de información bancaria.
Lo que parecía una simple carga de combustible terminó revelando una compleja operación que presuntamente movía miles de galones de diésel cada semana y obtenía ganancias utilizando datos robados de clientes que nunca imaginaron que una visita a la gasolinera terminaría financiando una red criminal.
