A través de un llamado público, el comisionado de Agricultura del estado, Sid Miller, advirtió que el encarecimiento de la carne de res y la reducción del inventario nacional están poniendo en riesgo no sólo a los productores, sino a uno de los emblemas culturales y económicos más arraigados del estado.
De acuerdo con el más reciente informe “Cattle” del Servicio Nacional de Estadísticas Agrícolas (NASS) del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, al 1 de enero de 2026 había 86.2 millones de cabezas de ganado y terneros en el país, confirmando una ligera disminución y ubicando el inventario en su nivel más bajo en 75 años.
Del total, 37.2 millones corresponden a vacas y novillas que han parido; 27.6 millones son vacas destinadas a la producción de carne (uno por ciento menos que el año pasado) y 9.57 millones son vacas lecheras. La producción de terneros se estimó en 32.9 millones de cabezas, 2 por ciento menos que el año anterior, mientras que el ganado engordado totalizó 13.8 millones, 3 por ciento por debajo de 2025.
Para integrar estos datos, NASS encuestó a aproximadamente 35 mil operadores en todo el país durante la primera quincena de enero. En el caso particular de Texas, el boletín destaca una disminución de 30 mil vacas, cifra que impacta directamente a la industria cárnica local y a la cadena de suministro que sostiene a cientos de restaurantes de barbacoa.
Ahumaderos tradicionales, tanto en pequeñas localidades como en grandes ciudades, enfrentan cierres o reducciones de operación ante el alza récord en los precios de la carne, la presión inflacionaria y la caída en la demanda.
“La barbacoa texana es más que comida; representa herencia, orgullo y sustento para miles de familias”, señaló Miller, quien urgió a implementar una política que priorice la producción nacional, incentive la retención de ganado de cría y fortalezca la transparencia del mercado.
En medio de este escenario, Estados Unidos contempla importar 100 toneladas de carne de vacuno de Argentina para compensar la baja disponibilidad interna. Sin embargo, la crisis se acentúa porque no se acepta ganado procedente de México debido al riesgo sanitario asociado al gusano barrenador del Nuevo Mundo, lo que limita las opciones de abastecimiento regional.
El resultado es un círculo complejo: menor inventario, precios elevados, menor consumo y presión creciente sobre productores y restauranteros. Para Texas, donde el brisket y la barbacoa forman parte esencial de su identidad, la situación trasciende lo económico y se convierte en una defensa de su cultura gastronómica frente a una de las peores contracciones ganaderas en décadas.
