El acoso escolar es una realidad que golpea con especial dureza a niños y jóvenes con autismo. Para muchos de ellos, el bullying no sólo representa una experiencia traumática, sino una razón de peso para abandonar la educación presencial y optar por estudios en línea.
Los chicos con autismo son más susceptibles a ser vulnerados. Cuando tú le preguntas a un neurotípico sobre su entorno escolar, no les tienen miedo a sus compañeros y algunos de nuestros chicos con autismo sí tienen miedo de sus compañeros, y nadie tendría que tener miedo de un entorno escolar. Y entonces a muchos de nuestros chicos, después de sufrir maltrato o bullying les cuesta mucho trabajo volver a la escuela”, explicó Mónica Correa, de la Red de Apoyo para Padres de la organización Iluminamos por el Autismo.
El problema no es menor. Un estudio publicado en el Journal of Developmental & Behavioral Pediatrics revela que al menos seis de cada diez niños con autismo han sido víctimas de acoso escolar. Además, el 38% de los encuestados reportó haber sufrido bullying en el último mes, y un 28% dijo ser acosado de manera recurrente.
En México no existen estadísticas precisas sobre el acoso escolar hacia estudiantes con autismo, pero a nivel internacional se ha documentado que estos niños suelen tener más dificultades para identificar situaciones de bullying, lo que los hace aún más vulnerables.
Nos encontramos con situaciones muy, muy tristes que como comunidad educativa, que como sociedad, nos deben de doler, nos deben de preocupar y nos deben de movilizar a intervenir porque se está arremetiendo contra los más vulnerables, chicos, chicas que no se percatan de que los están grabando para burlarse de ellos, que los están maltratando, cuando ellos creen que están jugando con ellos, abusan de su falta de malicia y de habilidades sociales”, advirtió María Elena Anguiano, investigadora de la Universidad de Guadalajara.
Anguiano es tutora de estudiantes con autismo en el bachillerato virtual, que vieron en esa modalidad la posibilidad de seguir estudiando sin sentirse agredidos.
Tristemente todos están ahí no porque quisieran estar en un bachillerato virtual, sino porque ya era su única opción, en la presencialidad sufrieron mucho maltrato y violencia física y verbal, no sólo de sus compañeros, sino también de algunos docentes”, comentó.
Otro estudio sobre el impacto psicológico del bullying en niños con autismo encontró que tienen 50% más posibilidades de desarrollar problemas de salud mental, como ansiedad y depresión, en comparación con aquellos que no han sido acosados.
Para Nancy Anaya, de OTEA Autismo, el bullying tiene un impacto perjudicial en todos los estudiantes, pero puede ser especialmente devastador en quienes tienen autismo.
LINEAMIENTOS CONTRA EL BULLYING
- Especialistas piden a la comunidad realizar una serie de acciones para que los alumnos con autismo tengan una mayor integración entre la comunidad.
- Genera charlas y talleres informativos para toda la comunidad escolar.
- Fomenta un entorno donde se valore la diversidad y se celebren las diferencias.
- Implementa actividades que permitan a los estudiantes ponerse en el lugar de sus compañeros.
- Durante los recreos, los profesores deben estar presentes y activos en el patio de juegos, observando interacciones y detectando posibles situaciones de acoso.
- Designar áreas específicas donde los estudiantes con autismo puedan sentirse seguros y donde haya siempre un adulto presente.
- Facilitar la formación de grupos de juego que incluya a estudiantes con autismo, asegurándose de que tengan compañeros dispuestos a integrarlos.
- Implementar programas que enseñen habilidades sociales a todos los estudiantes.
- Establece un sistema para que los estudiantes puedan reportar situaciones de bullying de manera confidencial y segura.
- Actúa de inmediato ante cualquier indicio de bullying, tomando en cuenta las necesidades de la víctima y del agresor, y abordando el comportamiento inapropiado con firmeza.
- Mantén un diálogo constante con las familias de los estudiantes con autismo para compartir preocupaciones y estrategias de apoyo.
INCLUSIÓN EN ESCUELAS BRILLA POR SU AUSENCIA
La inclusión educativa para niños y niñas con autismo quedó a nivel de discurso. Si bien la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad en 2011 abrió las puertas de la escuela regular a las personas con autismo, también trajo consigo incertidumbre entre docentes y familias.
Hasta ahora, no existen protocolos para la atención de esta población en las escuelas, que hacen lo que pueden, cuando pueden y cuando quieren.
Pasa y pasa de todo y pasa mucho. Hay centros educativos que se han puesto las pilas, que generan acciones inclusivas, que buscan cómo integrar e incluir a los chicos de manera plena dentro de la escuela. Y hay otros centros que de plano dicen, no, es que no sabemos cómo atender, entonces busquen otra alternativa, eso de inicio pues ya habla de exclusión y no estaría a alineado a todo lo que legal y moralmente está establecido”, afirmó Mónica Correa de la organización Iluminamos por el Autismo.
Tonatiuh Lay, profesor-investigador de la Universidad de Guadalajara, planteó que la educación inclusiva va más allá de un marco normativo y de una política de educación que se dice incluyente.
La educación inclusiva se materializa con ajustes razonables, y éstos, definitivamente, pues los tienen que llevar a cabo los docentes, pero ese docente a su vez también enfrenta sus propias barreras porque necesita justamente capacitación, necesita personal de apoyo, necesita asesoría, necesita también una serie de recursos que le permita materializar esa educación inclusiva, y esos ajustes razonables no deben de ser una sobrecarga para el docente», advirtió.
En la práctica, sin embargo, el investigador dijo que lamentablemente muchas veces los propios maestros tienen que pagar cursos y libros para atender las nuevas exigencias profesionales.
EL MIEDO DE LAS FAMILIAS, UNA DE LAS PRINCIPALES BARRERAS
María Elena Anguiano, investigadora de la Universidad de Guadalajara, señaló que una de las principales barreras para la inclusión educativa de niños y niñas con autismo es el miedo de las propias familias.
A veces por sobreprotección, por falta de información, por cierta inseguridad, por resguardar la integridad de sus hijos, no se animan a que sean escolarizados hasta que tengan algunas habilidades mínimas necesarias. La falta de orientación sería la segunda barrera, porque cuando la familia decide escolarizarlos, no hay una orientación adecuada hacia qué centro educativo sería más relevante: de educación especial, de educación regular, educación en casa, con un monitor, con un maestro de apoyo, en una escuela pública, en una escuela privada; y los recursos serían un tercer factor porque definitivamente se generan gastos, en traslados, en pagar un monitor, el maestro de apoyo o materiales, recursos didácticos, tener una terapia personalizada, y todo eso representa un gran reto”, expuso.
El especialista agregó que el gran reto con el espectro autista es que es muy diverso, y mientras hay desde los estudiantes que requieren mínimos ajustes, como tomar algunos recesos, o tener algunas actividades de transición otros necesitan ajustes razonables más importantes como el apoyo de un monitor o un auxiliar.
Como madre de familia de un chico con autismo, Mónica Correa dijo estar convencida de que si se “hace bien la chamba” en cada ciclo escolar y en cada escuela donde están los niños y niñas con autismo se está generando una sociedad diferente.
El muchacho neurotípico que se siente al lado de él, que tiene la información y que logre conectarse con empatía, no va a ser el mismo, ni cuando esté en el nivel medio superior, universidad, ni cuando sea ciudadano allá afuera. Pero, ¿por qué tenemos que hacer el cambio las familias?, necesitamos más apoyos, necesitamos que gobierno, escuelas e instancias públicas y privadas se pongan la pila”, pidió.