El oficial Marc Laue estaba furioso.
Minutos antes, mientras patrullaba los pasillos de la Escuela Secundaria Judson en Converse, Texas, se había enfrentado a un joven de 15 años acusado de empujar a una subdirectora. El adolescente, Jeremiah Johnson, insultó al oficial y se alejó.
El oficial Laue agarró varias veces a Jeremiah por los brazos y la mochila, según muestran las imágenes de la cámara corporal que captaron el incidente. Cuando el joven lo empujó para zafarse, el oficial lo rodeó con los brazos y lo tiró al suelo.
Johnson terminó esposado en la pequeña oficina policial de la escuela. Mientras otro oficial intentaba sentarlo en una silla, Laue le asestó puñetazos en el estómago.
“¡Siéntate, carajo!”, gritó Laue.
Desde 2022, cuando un hombre armado mató a 21 personas en la Escuela Primaria Robb en la ciudad de Uvalde, las autoridades de Texas han gastado miles de millones de dólares en asignar agentes de policía a las escuelas públicas. Según la ley estatal, los agentes deben mantenerse al margen de la “disciplina rutinaria de los estudiantes”. Sin embargo, en los últimos años, han usado la fuerza física en miles de casos, incluso para detener conductas indebidas aparentemente menores.
Lo ocurrido en la preparatoria Judson ofrece una visión extraordinaria de un enfrentamiento que salió mal. Lo que lo hace tan inusual es que tanto el estudiante como el oficial, así como un docente, lo discutieron con una reportera. El episodio de 33 minutos, que tuvo lugar en noviembre de 2023, también quedó grabado en las cámaras corporales, cuyo material fue revisado por The New York Times y The San Antonio Express-News.
El caso muestra una preocupación que han planteado padres y defensores desde que las escuelas comenzaron a asignar agentes de seguridad en sus instalaciones: que los oficiales puedan entrar en conflicto con estudiantes vulnerables, lo que podría afectar sus vidas.
Ian Adams, profesor de criminología de la Universidad de Carolina del Sur quien revisó las imágenes para el Times y The Express-News, calificó el caso como algo “horrible”. La forma en que el oficial Laue empujó con los puños a Jeremiah, según dijo Adams, sobrepasó los límites de la “actuación policiaca normal”.
Mientras Jeremiah se desplomaba en la silla, jadeaba. “Ni siquiera puedo respirar”, dijo.
Laue le gritó que se callara, utilizando un insulto. Luego, le dio un golpe a Jeremiah en un costado de la cabeza.
La acusación de una directora
Esa mañana, la subdirectora Elizabeth De Alba se comunicó con Laue por su radio. Los dos se encontraron en un pasillo lleno de gente, como lo muestran las imágenes de la cámara corporal de él.
“Me empujó”, le dijo De Alba al oficial, señalando a Jeremiah, quien caminaba delante de ellos con una sudadera negra y la capucha levantada.
Jeremiah creció en un barrio de clase trabajadora en el extremo oriente de San Antonio. Según los registros, sus padres consumían drogas, por lo que su tía abuela y su tío abuelo, Debra y Calvin Johnson, lo adoptaron cuando era un niño pequeño. Lo criaron junto con otros nueve niños.
Los tíos abuelos de Jeremiah, Debra y Calvin Johnson, lo adoptaron cuando era pequeño.
Los Johnson describieron a Jeremiah como un niño tranquilo y serio que cantaba en el coro de la iglesia pentecostal de su familia. Le gustaba la escuela, pero le costaba trabajo seguir el ritmo de las clases. En octavo grado, las autoridades escolares determinaron que tenía una discapacidad de aprendizaje, según muestran los registros.
A Jeremiah le gustaban las cosas típicas de los adolescentes: los videojuegos y las películas de acción; burlarse de sus hermanas y mimar a su sobrina pequeña. Pero para cuando se matriculó en la secundaria Judson, ya se había visto envuelto en varias peleas y su hermano biológico mayor lo había involucrado en una pandilla.
Se cruzó por primera vez con Laue en febrero de 2023, cuando era estudiante de primer año. El oficial lo inmovilizó para evitar que se peleara con otro alumno, según muestran los registros policiales. La semana siguiente, Laue recibió un aviso sobre dos fotos en redes sociales que mostraban a Jeremiah en una habitación sosteniendo un arma, según los registros. Jeremiah la tenía para protegerse de una pandilla rival, según le dijo a una reportera en una entrevista reciente.
Nueve meses después, De Alba acusó a Jeremiah ―quien en ese entonces estaba cursando el segundo año― de empujarla en el pasillo. Así que Laue se abrió paso entre una multitud de estudiantes para confrontarlo, como muestran las imágenes.
Llevaron al joven hacia la oficina de la policía escolar. “Vamos”, dijo Laue.
Del campo de batalla al salón de clases
Unos minutos más tarde, el oficial Laue se plantó delante de Jeremiah y empezó a regañarle. Se burló de él por llorar. Le dijo que iría a la cárcel y que se quedaría allí.
“Ese es tu futuro”, dijo Laue.
Todo lo que ocurrió dentro de la oficina quedó grabado en la cámara corporal del segundo oficial. Ese oficial, Richard Radziski, instó repetidamente a su colega a que se calmara. En cinco ocasiones, levantó la mano y le hizo señas a Laue para que se detuviera. Pero los insultos continuaron.
En un momento dado, Laue acusó a Jeremiah de agredir a una administradora de la escuela. El joven insistió en que no lo había hecho y le instó a revisar las cámaras de vigilancia de la escuela.
“¿Piensas que te creo a ti en lugar de creerle a ella?”, preguntó Laue.
Jeremiah negó con la cabeza. “Por supuesto que no”, respondió.
A Jeremiah le gustaban las cosas típicas de los adolescentes, como los videojuegos y las películas de acción, pero le costaba mucho en el colegio y se metía en peleas con sus compañeros.
Laue, que en ese entonces tenía 41 años, llevaba dos años trabajando para el departamento de policía del distrito escolar. Era su primer empleo en las fuerzas de seguridad y, como todos los oficiales nuevos, había pasado por la academia de policía. Recibió las 20 horas de capacitación que el estado exige específicamente para la policía escolar. (La capacitación de Texas es la mitad del mínimo recomendado por la Asociación Nacional de Oficiales de Recursos Escolares).
Antes de dedicarse a la policía, Laue sirvió en el Ejército de los Estados Unidos. Según los registros, se alistó en 2004 y, durante sus nueve años de servicio, fue enviado dos veces a Irak y una vez a Afganistán. Durante un tiempo después de su baja, se encargó de operar equipo técnico en los yacimientos petroleros del oeste de Texas.
En una entrevista este año, el oficial Laue dijo al Times y a The Express-News que había pensado que su experiencia militar le daría una ventaja en el ámbito policial. Pero al principio, la Escuela Secundaria Judson le resultaba inquietante. Los pasillos abarrotados le provocaban “un poco de agorafobia”, dijo.
Sin embargo, disfrutaba de orientar a los estudiantes. Dijo que algunos incluso le habían pedido que asistiera a sus graduaciones.
Cuando se le preguntó sobre el incidente con Jeremiah, Laue dijo que le había “ejercido presión en el abdomen” solo para sentarlo en la silla.
Reconoció que se “exasperó” en la oficina, pero no supo explicar por qué.
“No me enojo así muy seguido”, agregó.
‘Estoy contigo’
Ese día, dentro de la escuela, se corrió la voz de que a Jeremiah lo habían derribado y esposado. Su profesor de Educación física, Kirk Logan, corrió a la oficina de la policía escolar tan pronto como se enteró.
Lo que tenía en mente era el historial de violencia entre los agentes de policía y las personas negras como Jeremiah y él mismo, dijo en una entrevista.
“No voy a dejar que llegue a eso”, recordó haber pensado.
Logan tenía una relación amistosa con Jeremiah: hablaban a menudo sobre música, deportes y cómo tomar buenas decisiones. Recientemente había formado parte de un comité escolar que elaboró un conjunto de adaptaciones por discapacidad para el adolescente, según muestran los registros. Estos documentos del Programa de Educación Individualizado (conocidos como IEP, por su sigla en inglés), se utilizan para muchos estudiantes en las escuelas públicas.
Parte del plan para Jeremiah aconsejaba a los empleados de la escuela evitar “luchas de poder” y dejar que se calmara si se alteraba. No está claro si ese documento, que se concretó días antes del incidente, se le entregó al oficial Laue.
Cuando Logan llegó a la oficina de la policía escolar, Jeremiah se levantó de su silla, según muestran las imágenes. Le rogó al maestro que llamara a su mamá.
“¡Siéntate o te voy a hacer sentar!”, gritó Laue.
Logan se interpuso entre Johnson y el oficial.
Le rodeó la nuca con las manos. “Oye, Jeremiah”, le dijo, tocando su frente con la del joven. “Estoy contigo”.
Unos minutos más tarde, llegó De Alba y contó su versión de lo sucedido: explicó que había sorprendido a Jeremiah faltando a clase y lo había suspendido, y que luego él la había empujado.
Jeremiah la interrumpió, diciendo que no se había saltado la clase. “¿Cuándo la empujé?”, preguntó.
Las autoridades del distrito escolar al que pertenece la secundaria Judson no proporcionaron al Times ni a The Express-News ninguna grabación de vigilancia de la interacción entre De Alba y Jeremiah, alegando que su divulgación pondría en riesgo la seguridad del campus.
De Alba y el oficial Radziski se negaron a hacer comentarios para este artículo. Ambos siguen trabajando para el distrito escolar, según muestran los registros de nómina.
Un día ‘desagradable’
Jeremiah fue acusado, como menor de edad, de agresión y de resistirse al arresto. El cargo de agresión se redujo posteriormente a amenaza, según muestran los expedientes judiciales. Se le impuso libertad condicional, la cual se extendió después de que lo sorprendieron fumando marihuana y de que incumpliera repetidamente su toque de queda nocturno. Dijo que, en un momento dado, tuvo que usar un monitor de tobillo que ocultaba bajo el pantalón cuando estaba con sus compañeros de clase.
Dejó de asistir a la escuela en el otoño pasado. Ahora, con 18 años, Jeremiah dice que ya no se junta con los chicos de la pandilla. Pasa su tiempo libre jugando en su celular y escuchando canciones de Lil Poppa y NBA YoungBoy, quienes rapean sobre la traición y la incomprensión.
Hace poco consiguió un trabajo lavando platos —un paso para rehacer su vida—. Quiere un departamento y poder mantenerse por sí mismo. Es posible que en el futuro continúe con sus estudios, pero no planea regresar a la secundaria Judson.
Dijo que, desde el incidente con Laue, tiene una reacción visceral al ver a los policías en la calle. “Simplemente me quedo en estado de shock”, dijo.
¿Qué conclusión tiene de lo que pasó? Que los oficiales “no tienen piedad”.
Laue dijo que había sido amonestado por gritarle a Johnson y que se le ordenó tomar un curso de control de la ira. Una portavoz del distrito rechazó las solicitudes de entrevista y no respondió a las preguntas escritas sobre el incidente.
En un correo electrónico, la portavoz señaló que el distrito “toma en serio todos los asuntos relacionados con la seguridad y las inquietudes de los estudiantes” y está “comprometido a revisar continuamente sus prácticas”.
El único documento del expediente personal de Laue que el distrito escolar dio a conocer fue su carta de renuncia. Se fue un año y medio después del incidente.
El oficial dijo al Times y a The Express-News que no le gustaba ser policía y que ahora es técnico de emergencias médicas. “Es una profesión que te hace sentir mejor”, dijo. “No tengo que ser malo con la gente”.
Agregó que no tenía “nada en contra” de Jeremiah y que esperaba que le fuera bien.
Recordó que, tras el arresto, vio las imágenes de vigilancia de la interacción entre el adolescente y De Alba. Basándose en lo que pudo ver en ese video, parecía que Jeremiah “podría haberla rozado al pasar”, dijo Laue.
“Yo no lo habría calificado como una agresión”, dijo.
Si hubiera visto las imágenes antes de confrontar a Jeremiah, dijo, lo habría turnado a un administrador de la escuela y se habría negado a presentar cargos penales.
Agregó que, en retrospectiva, toda la situación podría haberse desarrollado de manera muy diferente. “Ojalá no hubiéramos tenido un día tan desagradable”, dijo.
