La propuesta de la Secretaría de Educación Pública de eliminar el término «militarizado» de las escuelas públicas que operan bajo este modelo provocó la reacción de exalumnas del Bachillerato Militarizado de Reynosa, quienes aseguraron que esta formación fue determinante para su crecimiento personal, académico y profesional.
Citlaly, egresada de la segunda generación, señaló que su paso por la institución marcó un antes y un después en su vida, ya que la disciplina y el liderazgo adquiridos le permitieron enfrentar nuevos retos, como continuar sus estudios fuera de Tamaulipas.
“Es muy triste, porque sinceramente los años que pasé en la prepa fueron muy bonitos. Nos forjó mucho el carácter, mucho liderazgo. Yo ahorita estoy en Monterrey, Nuevo León, en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Yo creo que no hubiera podido sin la preparatoria, ya que constantemente mi mamá me traía y pasar de estar acompañada de ellos a ser totalmente independiente, yo creo que es un gran paso”, expresó.
Las jóvenes, pertenecientes a distintas generaciones, actualmente cursan licenciaturas, ingenierías y carreras relacionadas con el área de la salud. Coincidieron en que durante su estancia en el plantel nunca fueron víctimas de maltrato y que la disciplina siempre estuvo basada en el respeto.
Abril, también egresada de la segunda generación, afirmó que el modelo educativo demuestra que la disciplina puede enseñarse sin recurrir a la violencia.
“Nos enseñaron que la disciplina no sólo se aprende bajo golpes o maltratos, se puede aprender bajo otras circunstancias. En ningún momento nos agredieron, ni verbal ni físicamente; siempre fue bajo el respeto y nos enseñaron que siempre para todo era el respeto y la igualdad”, comentó.
Las exalumnas señalaron que el posible cambio de nombre les preocupa porque consideran que el concepto de bachillerato militarizado representa una identidad que ha distinguido al plantel y que ha contribuido a la formación de cientos de estudiantes.
Amairani, egresada de la tercera generación, aseguró que la institución fue clave para desarrollar hábitos de disciplina que hoy le permiten enfrentar una intensa preparación académica.
“Realmente el hecho de que le quiten el nombre de militarizado no me gustaría, porque si bien es cierto que un nombre no forma parte de nuestra identidad, el bachillerato sí es parte de nosotros. Nos enseñó a forjarnos como personas. Yo actualmente estoy estudiando dos carreras, una licenciatura en Psicología y la carrera de Médico Cirujano Partero; además estudio idiomas por mi cuenta. Yo no hubiera podido sin este bachillerato. Me enseñó lo que es una disciplina muy grande, hacer las cosas por gusto y no porque te estén obligando”, señaló.
Las egresadas también destacaron que el objetivo del plantel nunca ha sido imponer disciplina mediante el miedo, sino ayudar a los estudiantes a descubrir su vocación y desarrollar valores que les sirvan para su vida profesional y personal.
Jabnia, egresada de la tercera generación, explicó que el modelo educativo busca orientar a los jóvenes y fomentar el respeto entre toda la comunidad estudiantil.
“Creo que al final de cuentas lo que busca el bachillerato militarizado no es meter miedo, no es tener niños que a lo mejor son conflictivos y que aquí los van a castigar. Lo que busca es discernir la vocación de todas las personas. Como cualquier preparatoria tiene problemas internos entre los mismos alumnos, pero sabemos cómo resolverlos y sabemos que siempre existe un respeto y, si bien existe una jerarquía, todos valemos lo mismo aquí dentro del bachillerato”, concluyó.
