En un rincón del universo —muy lejos de las pantallas donde suelen vivir los héroes de Pixar— habita Elio, un niño con demasiada imaginación y muy pocos amigos. El próximo miércoles 9 de julio, su historia llegará a los cines con una pregunta incómoda pero profundamente humana: ¿Qué pasa cuando no encajamos en ningún lado, ni siquiera en la Tierra?

Elio, dirigida por Madeline Sharafian, Domee Shi y Adrián Molina, es la nueva apuesta del estudio después del éxito de Del revés 2. Pero a diferencia del bullicio emocional y colorido del mundo interior de Riley, esta cinta mira hacia el cielo, hacia el espacio exterior, para hablar de algo que llevamos por dentro: la soledad.

Elio tiene once años, vive con su madre, y como tantos niños reales, lucha en silencio con la sensación de no pertenecer. Hasta que algo extraordinario sucede: es abducido por alienígenas que lo confunden con el representante oficial de la Tierra ante una comunidad galáctica. Desde ahí, se despliega una aventura de ciencia ficción que, en el fondo, es un viaje hacia la posibilidad de ser entendido.

Una historia fantástica con raíces reales

“Investigamos mucho sobre la soledad, en particular la infantil”, explica Sharafian. “Hablamos con el Dr. Vivek Murthy, quien nos explicó cómo los jóvenes viven una verdadera epidemia de soledad”.

Lo que podría parecer una historia fantástica para niños, en realidad es un espejo de un malestar silencioso y colectivo. La pandemia dejó cicatrices invisibles. Las redes sociales, aunque parecen conectarnos, a menudo amplifican la sensación de estar aislados del mundo. “Da la sensación de que cada persona es una isla”, dice Sharafian. Y en efecto, Elio —el personaje— también lo es al comienzo de la cinta. Pero como toda buena historia de Pixar, no se queda ahí.

En palabras de sus creadores, el propósito era claro: llevar al espectador a un lugar donde pueda creer, aunque sea por un instante, que es posible volver a sentirse acompañado.

Soledad en todas las edades

La soledad no tiene edad ni forma única. En la película, también se refleja en Olga, la tía de Elio, una mujer adulta que intenta equilibrar sus deberes mientras carga con un vacío difícil de nombrar. “Todos hemos sentido eso alguna vez y hemos querido huir”, afirma Mary Alice Drumm, productora del filme. “Quizá no ser abducidos, pero sí dejar la Tierra por un momento”.

Domee Shi, directora de Red, lo resume con algo que va más allá del cine:

“Definitivamente siento que la animación puede ser una terapia. Verla y también hacerla”.

Pixar lo sabe bien. No se trata solo de entretener, sino de tocar fibras reales. Por eso sus películas tardan años en gestarse. Porque detrás de cada criatura imaginaria hay una verdad compartida. En el caso de Elio, es la certeza —triste y luminosa a la vez— de que todos hemos sido el niño raro, el que no encuentra su lugar, el que sueña con escapar y, sin embargo, solo quiere ser visto.

Por expreso

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